¿Se acerca un “Cisne Negro”?

Justo un año antes de la crisis del 2008 Nassim Taleb publicó su libro “El Cisne Negro”. En él se expone la teoría del Cisne Negro que defiende que un evento inesperado y poco probable puede aparecer y tener un efecto notable sobre la economía y la sociedad.

La situación actual nos lleva rápidamente a preguntarnos ¿Estaremos viviendo un Cisne Negro?

El propio Nassim Taleb, profesor de la Universidad de Nueva York, afirmó en Bloomberg que la pandemia del Coronavirus era algo predecible y que por tanto no podemos afirmar que se tratara de un cisne negro sino de un “Cisne Blanco“.

Sin embargo su propia teoría añade una característica a la Teoría del Cisne Negro que debemos tener en cuenta, y es que ese evento, visto con perspectiva se racionaliza y se le intenta buscar una justificación lógica, es decir, que de la impresión de que era esperable que ocurriera lo inesperado. Quizás aun necesitemos un poco más de perspectiva.

Otros ejemplos de Cisnes Negros son el inicio de la Primera Guerra Mundial, La gripe del 1918, o los atentados del 11 de septiembre. ¿Podían estos eventos en cierto modo verse venir? ¿Cuantos sucesos poco probables nos acechan y son ignorados?

No todo es Coronavirus en este Cisne Negro

En este artículo no quería hablaros de la pandemia. Los más observadores habrán notado que no hablo en pasado sobre el Cisne Negro, sino que anticipo su llegada.

Y es que en la actualidad diferentes eventos podrían hacer que la sombra en la que vivimos no sea más que la del pico del ave.

Igual que en la película de mismo nombre que fue dirigida por Darren Aronofsky y protagonizada por Natalie Portman, el Cisne Blanco podría convertirse en un Cisne Negro.

Principalmente son 3 los factores que, relacionados entre sí o no, acabarían por provocar una nueva crisis similar (sino peor) a la de 2008.

¿Nos acecha la sombra de un cisne negro? Fotografía obtenida en Pexels

Economías debilitadas

No me detendré mucho en este punto por ser el más obvio. El PIB de la mayoría de países ha caído considerablemente. Muchas empresas han tenido que reducir plantillas e incluso cerrar, y los gobiernos de las diferentes naciones han tenido que endeudarse notablemente para poder hacer frente a la pandemia, como podemos leer en Business Insider.

Sin grandes esfuerzos, paciencia y tiempo, las diferentes economías del mundo van a seguir resentidas durante mucho tiempo.

Inestabilidad Política y social

Muchos celebran la victoria de Biden en las elecciones estadounidenses, mientras que otros se resisten a aceptar la derrota de Donald Trump. Los que hoy llaman a las calles ayer apelaban a la ley, mientras que los que ayer salían a protestar hoy se agarran a la democracia.

No se recuerda un Estados Unidos tan dividido.

Mientras tanto, en Europa sucede algo similar. Vemos cómo la Unión se divide en dos bloques ( y no me refiero a norte-sur, que también). Progresistas y Conservadores se distancian entre sí, y cada día las posturas son más irreconciliables y autoritarias.

Una lucha de poder entre dos modos de ver la vida que no dialogan ni buscan puntos en común sino que han olvidado la ética en pro del afán de victoria.

Una política de fanatismo deportivo, donde ya no se defienden ideas sino posturas. No hay debate y tu derrota es mi victoria.

Posturas opuestas que se creen poseedoras de la verdad absoluta; y que poco halagüena es esa verdad.

Y esto no es lo peor. Pensamos que la culpa es de quien nos gobierna, pero no es así.

Lo más preocupantes es el pueblo, los votantes, cada uno de nosotros; hemos olvidado la autocrítica. Somos incapaces de admitir la incapacidad de aquellos que abanderan nuestras ideas. Les hemos consentido la mediocridad y la indecencia, y cada vez el rasero está más bajo: todo justificado por ese afán ciego de victoria que nace de la intolerancia a puntos de vista diferentes.

Un mundo de imposición donde no cabe el raciocinio.

¿Nos acecha la sombra de un cisne negro? Fotografía original obtenida en Pexels

Burbuja puntocom 2.0

Existen demasiadas similitudes entre el escenario de la burbuja de las puntocom vivido en el 2000, y la situación actual. Dicen que la historia siempre se repite, y puede que estemos más cerca de lo que pensamos de vivir una situación similar.

¿Qué sucedió en la primera burbuja puntocom?

Durante 1997 y 2001 muchas empresas vinculadas a internet pasaron de tener fuertes crecimientos a una oleada de quiebras y cierres.

Las empresas puntocom, por aquel entonces, tenían grandes crecimientos por las expectativas de futuro sin acabar de aportar grandes rentabilidades ni beneficios por la creencia de que aportarían grandes beneficios en el futuro.

Este cuento de la lechera financiero llevó a los inversores a introducir enormes cantidades de dinero en estas empresas en una euforia que terminaría de la noche a la mañana.

Las empresas con ideas de negocio innovadoras empezaron a tener competidores con modelos de negocio muy similares, y por tanto, terminaron por canibalizarse la cuota de mercado que aspiraban a monopolizar.

Como ya sabéis, todo esto acabo en el desastre: una venta masiva de acciones y el estallido de una burbuja.

¿Burbuja puntocom 2.0? Fotografía obtenida en Pexels

¿Estamos al borde de una segunda burbuja “puntocom”?

Cuesta decir si la fiebre por esta nueva “Nueva economía” está tocando techo, o por el contrario seguirá aumentando en los próximos meses, pero todo parece apuntar a que ese momento está cerca.

Esa burbuja “puntocom 2.0” podría explotar en cualquier momento.

Por poner un ejemplo del Nasdaq (mercado bursátil donde operan las principales empresas tecnológicas del mundo). Desde finales de 2018 Tesla puede presumir de tener beneficios, pero no lo hacía desde que fue fundada en 2003.

Sorprendentemente a finales de 2019 ni si quiera estaba entre los 10 primeros fabricantes de automóviles a nivel mundial, sin embargo desde julio de este año es el fabricante de automoción más valorado en el mercado bursatil por delante de Toyota (crecimiento más que sorprendente teniendo en cuenta la pandemia y sin considerarla).

Además Tesla ya no está solo. Aparte de marcas tradicionales reinventándose (General Motors, Toyota, Grupo Volkswagen, BMW…) nuevos actores surgen con innovaciones y propuestas tanto o más atractivas, como ya sucediera en la burbuja de las empresas de internet del 2000. Es el caso de Nio, Nikola, Xpeng y otras tantas empresas de vehículos eléctricos que han nacido y nacerán.

No solo es Tesla

A Netflix también le han surgido numerosos rivales (Amazon Prime video, Apple TV+, Disney+… y otros tantos competidores de menor tamaño). Amazon también ve cómo empresas nacionales o más específicas van comiéndole cuota de mercado en el mundo de internet.

Y podríamos seguir… cada vez más bocas y más grandes, pero menos pastel.

A lo anterior hay que sumar que, ante la incertidumbre económica producida por la pandemia, los inversores han buscado empresas que apuesten por el largo plazo (empresas tecnológicas) y esto (unido a las inyecciones monetarias del Fed para evitar caidas fuertes durante la pandemia) ha provocado que la burbuja aumente todavía más, entrando en la actualidad en una etapa de gran incertidumbre agravada por la inestabilidad política estadounidense.

El Nasdaq, una vez más, crece y crece sin parar movido por buenas intenciones más que por resultados objetivos.

De nuevo el escenario se parece demasiado al del cuento de la lechera, y todos sabemos que al final la leche siempre se acaba derramando. ¿Cuánto más soñaremos despiertos antes de que esto suceda?

¿Pasará de largo la sombra del cisne negro?

Quizás sea una segunda ola de la pandemia peor que la primera, explotará la burbuja del Nasdaq, la tensión política aumentará la inestabilidad socioeconómica, o no sabremos reponernos del daño causado por el Coronavirus ¡Quién sabe!

También es posible que nada de lo anterior suceda y que con 2020 dejemos atrás un año oscuro, negro; que 2021 traiga mejores noticias y el cisne sólo fuera blanco al fin y al cabo.

¿Pasará de largo la sombra del cisne negro?

Muy a mi pesar, parece que nos esperan tiempos difíciles y mejor ser conscientes de la realidad para estar prevenidos ante lo que pueda suceder. De todos modos es tan solo mi punto de vista, una opinión que deseo sea erronea.

Solo sé que ojalá no sea negro el cisne, sino yo.

Es posible que esté equivocado, o puede que lo que hoy digo aquí lo sepamos todos pero no queramos aceptarlo ni afrontarlo. Quizás solo sea un golpe de pesimismo por tantos días de incertidumbre, o puede que ahora que el mundo se ha parado todo se vea más claro (o más oscuro, quien sabe).


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¿Nos acecha la sombra de un cisne negro?

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