Peligros de la nueva economía: la desaparición del ahorro

Nos espera un futuro incierto. La nueva economía, la economía colaborativa y lo que Lipovetsky llamaba la sociedad del hiperconsumo nos están llevando a una nueva era. Una era de más oscuros que claros, cortoplacista y sustentada sobre débiles cimientos.

Una nueva era donde los consumidores apenas llegamos a final de mes ni pensamos (o podemos pensar) a largo plazo, donde tenemos acceso a numerosos servicios, y a la vez multitud de pequeños pagos a los que hacer frente y que terminan por reducir al mínimo la capacidad de ahorro, y por tanto de acumular riqueza.

Resulta paradójico que esta generación que llaman del futuro esté tan centrada en el presente y el corto plazo.

¿A qué peligros nos enfrentamos?

Cantidad vs Calidad: La economía de lo efímero

Las cosas se hacían para durar. Seguramente habrás oído esta frase. Posiblemente también te sonará eso de la obsolescencia programada.

Ahora ya no hace falta que las cosas se rompan; nos cansamos rápido de todo. Necesitamos consumir y nuestra vida gira en torno a ello.

Un consumo que no es racional sino experiencial e individualizado. Solo importa el placer que produce comprar una camiseta, y no si necesito esa camiseta o no (y si se rompe no pasa nada, otra).

Pero ¿Qué consecuencias tiene para el consumidor la era del low cost?

Si antes comprábamos un abrigo para toda la vida e incluso pasaba de generación en generación, ahora cada año necesitamos uno nuevo.

Esos recursos que podríamos destinar al ahorro o a o la inversión para aumentar nuestro patrimonio o el de nuestra familia se pierden en comprar y volver a comprar lo mismo una y otra vez con el objetivo de recuperar esa sensación de placer que produce la novedad.

Pronto nos cansamos de todo y necesitamos novedad.

Economía colaborativa: Financiación que nunca se acaba

Gracias a la economía colaborativa podremos vivir bajo un techo, pero no seremos propietarios del mismo. Podremos utilizar un vehículo bajo demanda, pero no tendremos coche.

Un modelo que sin duda es positivo y mucho más eficiente en cuanto al uso de recursos materiales a corto plazo, y que podría dar la sensación de estar aportando mayores libertades al individuo.

Sin embargo, ¿supone esto un ahorro para el individuo? Pagar los plazos de un automóvil o de una hipoteca, por muy largo y tedioso que fuera el proceso llevaba implícita la promesa de una propiedad que aumentaba tu patrimonio.

¿Qué nos queda tras años y años de pagar servicios de economía colaborativa?

Posiblemente alquilar un vehículo por uso tenga un coste menor que pagar una cuota mensual para alcanzar su propiedad, sin embargo… ¿Qué nos queda después de acumular trayectos? ¿Nos darán una rueda? ¿Un neumático tal vez? Nada…

Quizás gracias a eso que nos ahorramos por el pago por uso, podremos ahorrar para invertir y acumular riqueza ¿verdad?… ¿O puede que sea para pagar Netflix?

Peligros de la nueva economía: el ahogo de los consumidores

La Era de la suscripción: De Netflix a La Champions

Siguiendo los pasos de la economía colaborativa, han surgido grandes plataformas que te dan acceso a un mar infinito de posibilidades. Ya no alquilamos una película, las alquilamos todas por un módico precio mensual (y además nos ponen anuncios).

HBO, Netflix, Fútbol, iCloud, Amazon, Apps de pago… Y cada vez habrá más y más servicios bajo suscripción.

Servicios que se esconden bajo un pequeño coste mensual pero que a final de mes pueden llegar a representar una parte importante del salario mensual promedio, y que unidos a las típcas facturas de luz, gas, internet y otros suministros merman una vez más nuestra capacidad de ahorro.

Pequeños servicios que nos ofrecen un disfrute inmediato pero un futuro incierto y vacío.

Reducción de los costes laborales: aumento de la competencia

Sobrecualificados, eso dicen. Sin embargo a pesar de ser una de las generaciones a priori más preparadas resulta difícil encontrar empleo.

Mayor competencia y menores oportunidades derivan en que aquel que esté dispuesto a hacer el mismo trabajo por menos dinero terminará por llevarse el gato al agua. Incluso hoy en día es posible para las empresas acceder a trabajadores ubicados en cualquier lugar del mundo.

Puede que dentro de no mucho competir por un puesto de trabajo con alguien igual de capacitado que tu pero que vive en un país con unos costes de vida inferiores. ¿Cómo lo haremos para justificar ese sobrecoste del fruto de nuestro trabajo?

A esto cabe añadir que la robótica va a sustituir a trabajadores de todos los sectores, y que muchos tendremos que redefinir nuestra carrera profesional y desandar el camino recorrido para empezar de cero.

El poder adquisitivo, la capacidad de enriquecerse o de consumir irán descendiendo hasta equipararse a la baja, y como consecuencia el futuro pasará a un segundo plano.

Peligros de la nueva economía, la economía colaborativa y el hiperconsumo

La Era de los Grandes Cambios

Se trata de una época de transición. De grandes cambios. De un nuevo modelo económico floreciendo y sin definir. Con muchos claroscuros y una gran incertidumbre por delante.

Puede que finalmente nos adaptemos a esta nueva forma de vivir, y que una vez se equilibren los salarios a nivel mundial vuelvan a surgir nuevas oportunidades profesionales que ni si quiera podemos alcanzar a imaginar.

También que la economía colaborativa nos haga reaprovechar esas cosas que otros ya no consideran de su agrado y que antes terminaban en un trastero o en una planta de reciclaje.

O que plataformas digitales, los servicios de suscripción y las propiedades compartidas apaciguen nuestras ansias consumistas y volvamos a un modelo económico más eficiente.

Lo que parece evidente es que en el futuro gran parte de nosotros no habremos acumulado un patrimonio suficiente como para sustentarnos en la última etapa de nuestra vida. Que nos va a tocar remar a contracorriente, y sobre todo, que esta generación futurista no puede olvidarse (por dificil que sea) de algo tan importante como el futuro; nuestro futuro.

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